Hay personas que discuten por costumbre, otras discuten porque necesitan defender una idea, pero existe una tercera posibilidad, mucho menos evidente, discutir para no descubrir algo de uno mismo.
Eso cambia por completo la conversación, porque el objetivo deja de ser comprender, el objetivo pasa a ser conservar una imagen.
Todos tenemos una historia sobre quiénes somos, sobre lo que creemos, sobre la manera en que entendemos la vida, esa historia nos da estabilidad, pero el problema aparece cuando ya no permite preguntas, a partir de ese momento, cualquier idea distinta deja de sentirse como una oportunidad para pensar y empieza a vivirse como una amenaza.
En esa situación ocurre algo, la persona cree que está defendiendo una opinión, pero en realidad está intentando proteger una versión de sí misma, por eso algunas discusiones nunca terminan, no importa cuántos argumentos aparezcan, lo que está en juego no es la verdad, es la identidad.
𝑳𝒂 𝒔𝒐𝒎𝒃𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝑬𝒍 𝑷𝒂𝒑𝒂 𝒏𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆 𝒆𝒏 𝒒𝒖𝒆𝒓𝒆𝒓 𝒆𝒏𝒔𝒆𝒏̃𝒂𝒓, 𝒄𝒐𝒏𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆 𝒆𝒏 𝒅𝒆𝒋𝒂𝒓 𝒅𝒆 𝒂𝒑𝒓𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓, 𝒏𝒐 𝒑𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒇𝒂𝒍𝒕𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒑𝒐𝒔𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏, 𝒎𝒂́𝒔 𝒃𝒊𝒆𝒏 𝒆𝒔 𝒑𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒄𝒆𝒑𝒕𝒂𝒓 𝒄𝒊𝒆𝒓𝒕𝒂𝒔 𝒄𝒐𝒔𝒂𝒔, 𝒐𝒃𝒍𝒊𝒈𝒂 𝒂 𝒓𝒆𝒗𝒊𝒔𝒂𝒓 𝒖𝒏𝒂 𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒍𝒆𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝒗𝒊𝒅𝒂 𝒚 𝒆𝒔𝒐 𝒕𝒊𝒆𝒏𝒆 𝒖𝒏 𝒄𝒐𝒔𝒕𝒐.
Quizá por eso resulta más sencillo defender una idea durante años que aceptar una sola pregunta capaz de moverla.
La mayoría de las personas no necesita más información, necesita un espacio donde ya no tenga que defenderse de sí misma, ese suele ser el momento en que el trabajo terapéutico deja de ser una curiosidad y empieza a convertirse en una necesidad.
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Si reconoces que algunas conversaciones siempre terminan igual, aunque cambien las personas y los temas, quizá la pregunta ya no sea quién tiene razón. Tal vez la pregunta sea qué estás intentando proteger cada vez que necesitas tenerla.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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