Hay personas que sienten orgullo de su enojo, lo ven como carácter, como fuerza, como capacidad de defenderse, y sí, el enojo puede ser sano, puede marcar límites, puede proteger, puede mostrar verdad, pero también puede ser otra cosa: una reacción defensiva frente a una herida interna.
La diferencia está en el origen, no todo enojo nace del
presente, a veces nace de una sensación mucho más profunda, sentirse ignorado,
cuestionado, minimizado o rechazado y cuando eso toca heridas relacionadas con
valor personal, la reacción suele ser intensa, no porque el problema externo
sea tan grave, sino porque activó algo interno mucho más antiguo.
La Emperatriz en sombra vive esto con frecuencia, necesita
sentirse fuerte, reconocida, importante, entonces, cuando algo amenaza esa
imagen, el enojo aparece como intento de recuperar posición, se levanta la voz,
se endurece la postura, se busca tener razón y se busca controlar, no
necesariamente por maldad, muchas veces por fragilidad, porque debajo del enojo
hay una parte que se sintió pequeña y eso es difícil de aceptar.
Por eso muchas personas prefieren decir “así soy”, porque
reconocer la herida las haría sentir vulnerables, pero el problema de no verlo es
que el enojo empieza a gobernar relaciones, decisiones y vínculos, desde ese
punto, ya no protege, destruye.
Trabajar esto no significa dejar de sentir enojo, significa
aprender a distinguir cuándo estás defendiendo un límite y cuándo estás
defendiendo una herida, porque no todo lo intenso es fuerza, a veces es dolor
reaccionando rápido.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
Informes WhatsApp: +52 55 3119 8189

No hay comentarios:
Publicar un comentario