VOLVER A SER PRINCIPIANTE

Durante los primeros años de nuestra vida ser principiantes es algo completamente normal, no sabemos, preguntamos, observamos cómo lo hacen otros, nos equivocamos muchas veces antes de adquirir cierta habilidad. 


Después pasan los años y nuestra relación con esa experiencia puede cambiar. 


Aprendemos un oficio o una profesión, desarrollamos habilidades, acumulamos experiencia, hay situaciones que antes parecían complicadas y ahora resolvemos con bastante facilidad, incluso comenzamos a ocupar lugares donde otras personas nos preguntan a nosotros. 


Eso tiene algo muy satisfactorio, sabemos lo que hacemos, el problema puede aparecer cuando esa experiencia comienza a dificultarnos entrar en lugares donde nuevamente no sabemos. 


A riesgo de equivocarme, una integración interesante de El Carro consiste en conservar la capacidad de ser principiante, no porque tengamos que comenzar constantemente actividades nuevas, sino porque algunas cosas importantes que todavía podríamos aprender requieren aceptar durante un tiempo que no seremos especialmente buenos haciéndolas. 


Después de muchos años de preparación, eso puede resultar bastante incómodo, una persona puede comenzar una actividad que realmente le interesa y frustrarse porque avanza lentamente, puede sentirse extraña haciendo preguntas que considera demasiado básicas, puede compararse con quienes llevan años practicando, incluso puede decidir rápidamente que aquello “no es lo suyo”. 


Tal vez sea verdad, no todo lo que comenzamos tiene que interesarnos, pero algunas veces abandonamos antes de haber permanecido el tiempo suficiente para saberlo. 


Según lo que yo pienso, esto se vuelve especialmente interesante conforme acumulamos experiencia, cuanto más competente somos en ciertos aspectos de nuestra vida, más contraste existe cuando entramos a un territorio desconocido. 


De pronto necesitamos escuchar, esperar, practicar, preguntar, aceptar una corrección y reconocer que otra persona comprende algo mucho mejor que nosotros. 


No hemos perdido nuestras capacidades, simplemente esas capacidades no pueden sustituir el aprendizaje que todavía no tenemos. 


Hay algo profundamente fértil en esa posición, porque cuando dejamos de exigir que todo lo nuevo confirme rápidamente lo capaces que somos, podemos volver a descubrir cosas que no estaban previstas dentro de nuestra vida conocida. 


Esto también puede aparecer en un proceso terapéutico, una persona puede haber pensado muchísimo sobre sí misma, puede conocer conceptos psicológicos, puede haber pasado por otros tratamientos, puede comprender perfectamente algunos de sus conflictos y aun así encontrarse con algo que todavía no sabe.  


No considero que eso invalide todo el trabajo anterior, al contrario, puede ser precisamente el punto donde comienza un trabajo diferente, porque conocernos también requiere aceptar que algunas explicaciones que hemos construido sobre nosotros mismos no contienen todavía toda nuestra historia. 


¿En qué aspectos de tu vida hace demasiado tiempo que solamente permaneces donde sabes qué hacer? 


Tal vez la pregunta no sea qué necesitas dominar después, puede ser mucho más interesante descubrir en qué lugar todavía eres capaz de decir: ¡Esto no lo sé! 


Si esa posición te produce más dificultad de la que esperabas, un proceso terapéutico también puede ayudarnos a comprender qué significa para ti no saber, necesitar aprender o permitir que otra persona te acompañe mientras descubres algo que todavía no puedes explicar, podemos comenzar desde ahí. 


"De EL LOCO a EL MUNDO" 

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica. 

 

Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189 

 


CUANDO RECIBIR TE HACE SENTIR EN DEUDA

Hay personas a quienes les resulta muy sencillo dar. Pueden ayudar a alguien, tener una atención, escuchar durante horas o resolver un problema sin esperar demasiado a cambio. 


Pero cuando las posiciones se invierten, algo cambia. Alguien paga la comida, les hace un regalo importante, las ayudan cuando están atravesando una dificultad, les dedica tiempo y junto con el agradecimiento aparece rápidamente otro pensamiento: “Tengo que devolverle algo.” 


No necesariamente existe una exigencia de la otra persona, la deuda aparece dentro de nosotros. 


A riesgo de equivocarme, una integración interesante de El Carro puede aparecer cuando comenzamos a observar nuestra relación con aquello que recibimos, porque no todas las personas tienen dificultades para dar, algunas tienen dificultades para recibir. 


Esto puede pasar inadvertido precisamente porque corresponder suele considerarse algo positivo, y lo es, la reciprocidad es importante en nuestros vínculos, pero agradecer lo que alguien hace por nosotros es diferente a necesitar equilibrar inmediatamente la relación para volver a sentirnos tranquilos. 


Cuando eso ocurre, recibir puede resultar incómodo. Aceptamos algo, pero comenzamos a buscar cómo devolverlo. Nos ayudan y sentimos que ahora tenemos una obligación. Alguien nos cuida y poco después queremos encontrar una manera de cuidar nosotros. Incluso podemos rechazar ciertas cosas que necesitamos porque aceptar implicaría quedar en una posición que nos resulta difícil tolerar. 


Entonces el problema ya no es la generosidad, la pregunta está en otro lugar: ¿Qué significa para nosotros recibir algo que todavía no podemos devolver? 


Tal vez tememos que algún día nos lo reclamen, tal vez hemos aprendido que aceptar algo nos compromete, o puede resultarnos difícil reconocer que necesitamos de otras personas mucho más de lo que nos gusta admitir. 


Cada historia puede ser diferente, por eso decir simplemente “tienes que aprender a recibir” sirve de poco. Una persona puede saber perfectamente que no existe nada malo en aceptar ayuda y continuar sintiéndose incómoda cuando alguien hace algo importante por ella.  


Ahí existe una diferencia entre comprender una idea y comprender lo que esa experiencia significa en nuestra propia historia y ese punto me parece mucho más interesante, porque nuestra manera de recibir también dice algo sobre nuestra manera de vincularnos. 


¿Qué sientes cuando alguien hace por ti algo que no puedes devolver inmediatamente? 


No qué piensas que deberías sentir, qué ocurre realmente dentro de ti, si aparece agradecimiento, puedes disfrutarlo, si aparece deuda, obligación o necesidad de compensar, vale la pena preguntarnos de dónde viene. 


Un proceso terapéutico puede ayudarnos a encontrar esa respuesta sin reducirla a una explicación general porque algunas personas no necesitan aprender a ser más generosas, necesitan descubrir por qué les resulta mucho más sencillo estar del lado de quien da que permanecer, por un momento, del lado de quien recibe. 


Si reconoces algo de esto en tu manera de relacionarte, podemos comenzar desde ahí. 


"De EL LOCO a EL MUNDO" 

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica. 

 

Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189 




¿QUÉ PASA CUANDO YA LLEGASTE?

Durante buena parte de nuestra vida existen metas que parecen organizar naturalmente lo que sigue, terminar una formación, comenzar a trabajar, independizarnos, mejorar nuestros ingresos, construir una relación, desarrollar una profesión. 


No todas las personas siguen el mismo recorrido, pero suele existir algo hacia lo cual dirigir el esfuerzo. 


Durante años podemos responder con cierta facilidad una pregunta: ¿Qué sigue? 


Después pasa el tiempo, algunas cosas salen mal, otras salen bien y varias de aquellas metas que alguna vez parecían lejanas terminan convirtiéndose en nuestra vida cotidiana. 


A riesgo de equivocarme, una de las sombras más interesantes de El Carro puede aparecer justamente ahí, cuando no estamos frente al fracaso, cuando hemos llegado. 


Porque llegar también puede dejarnos sin la dirección que durante años organizó buena parte de nuestra identidad, esto puede ser difícil de reconocer, una persona puede tener una profesión estable, cierta seguridad económica, relaciones importantes y una vida que objetivamente funciona, no necesariamente está deprimida ni quiere abandonar todo, simplemente comienza a aparecer una pregunta que antes no necesitaba hacerse con tanta profundidad. 


¿Qué quiero ahora? 


La respuesta automática puede ser construir una nueva meta y puede ser una respuesta completamente válida, pero según lo que yo pienso, existe un momento en el que conviene distinguir entre tener un nuevo deseo y necesitar un nuevo destino. 


No son exactamente lo mismo, podemos pasar décadas sabiendo quiénes somos por aquello que estamos intentando construir, soy quien está estudiando para convertirse en esto, quien trabaja para conseguir aquello, quien intenta establecerse, quien está construyendo determinada vida, siempre existe una versión futura hacia la cual dirigirnos. 


Cuando algunas de esas grandes tareas terminan, ya no basta con seguir respondiendo quién queremos llegar a ser, puede aparecer otra pregunta: ¿Quién soy dentro de la vida que ya construí? 


No siempre tenemos una respuesta y precisamente porque somos personas funcionales podemos resolver rápidamente esa ausencia mediante otra meta, seguimos avanzando, pero llega una etapa en la que acumular destinos puede dejar de responder la pregunta, no porque tengamos que abandonar la ambición, tampoco porque exista una edad en la que debamos conformarnos con lo conseguido, el problema es otro. 


Una meta puede decirnos hacia dónde movernos, no necesariamente puede decirnos qué queremos hacer con nuestra existencia. 


Esa diferencia puede aparecer después de los cuarenta, cincuenta o sesenta años, aunque no pertenece exclusivamente a ninguna edad. 


De pronto existe suficiente historia detrás de nosotros como para reconocer todo aquello que hicimos, pero también suficiente vida adelante como para no querer limitarla a repetir el mismo recorrido con objetivos diferentes. 


Entonces la desorientación no necesariamente indica que algo salió mal, puede señalar que las respuestas con las que construimos una etapa de nuestra vida ya no son suficientes para construir la siguiente y eso merece algo más que encontrar rápidamente una nueva meta. 


Hay personas que llegan a terapia precisamente en este punto, no llegan porque su vida esté destruida, llegan porque funciona y ya no entienden por qué eso no responde algunas preguntas que comenzaron a aparecer. 


Han aprendido, han construido, han superado dificultades, saben resolver problemas, lo que no saben es qué desean hacer ahora con todo aquello que son. 


Ese tipo de pregunta difícilmente se resuelve con un consejo, necesita tiempo, profundidad y un espacio donde podamos distinguir deseos propios, expectativas que ya cumplieron su función y formas de vida que quizá seguimos sosteniendo solamente porque durante muchos años nos dieron dirección. 


Ahí puede comenzar una etapa particularmente fértil del trabajo interior, no necesitamos destruir lo construido, necesitamos conocer a la persona que llegó hasta aquí y preguntarle qué quiere ahora. 


Si ya no tuvieras que demostrar mediante una nueva meta que sigues avanzando, ¿qué elegirías hacer con los próximos años de tu vida? 


Tal vez tengas una respuesta inmediata, tal vez no, si tienes una vida construida, pero hace tiempo comenzó a aparecer una sensación de desorientación que no consigues explicar únicamente por tus circunstancias, puede ser un buen momento para comenzar un proceso terapéutico, no necesariamente porque algo esté mal, porque quizá aquello que te trajo hasta aquí ya no alcanza para decidir hacia dónde quieres dirigir la siguiente parte de tu vida, si reconoces ese momento, podemos comenzar desde ahí. 


"De EL LOCO a EL MUNDO"  


Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.  


Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189