CUANDO LO DIFÍCIL TE ATRAE MÁS

Hay cosas que parecen adquirir mayor valor cuando descubrimos que no será sencillo conseguirlas.  


Una persona que no termina de estar disponible puede despertar un enorme interés. Una oportunidad difícil de alcanzar puede ocupar nuestros pensamientos durante meses. Un proyecto lleno de obstáculos puede movilizar una cantidad de energía que otros proyectos, igualmente importantes, nunca consiguieron despertar. 


No me interesa reducir esto a que “nos gustan los retos”, a riesgo de equivocarme, hay algo más profundo cuando la misma historia comienza a repetirse. 


Una de las sombras de El Carro puede aparecer cuando necesitamos encontrar resistencia para que nuestro deseo adquiera fuerza. 


Mientras algo se interpone entre nosotros y aquello que queremos, sabemos qué hacer, insistimos, nos esforzamos o buscamos otra manera. La dificultad concentra nuestra atención y aquello que está detrás de ella puede volverse cada vez más importante hasta que finalmente lo conseguimos y algunas veces ocurre algo desconcertante, el interés disminuye. 


No porque aquello haya cambiado demasiado, lo que desapareció fue el obstáculo.  


Esto puede resultar particularmente evidente en algunas relaciones. Una persona puede involucrarse profundamente con alguien que duda, se aleja, vuelve o nunca termina de comprometerse. Buena parte de la relación gira alrededor de conseguir finalmente que el otro esté. Cuando esa persona se vuelve disponible, puede aparecer una sensación inesperada, ya no se siente igual. 


Sería sencillo concluir que nunca hubo amor o interés verdadero, pero no necesariamente, el deseo humano es bastante más complejo, lo que vale la pena observar es si esta experiencia aparece repetidamente en diferentes aspectos de nuestra vida. 


Porque entonces quizá la dificultad no sea solamente algo que estamos dispuestos a atravesar para conseguir lo que queremos, también puede haberse convertido en una condición para quererlo con tanta fuerza. 


Según lo que yo pienso, aquí existe una diferencia importante entre perseverancia y necesidad de conquista, la perseverancia nos permite atravesar dificultades porque algo tiene valor para nosotros, en cambio, cuando necesitamos la dificultad, es precisamente la resistencia la que aumenta el valor de aquello que perseguimos. 


Por eso conseguir puede producir una extraña decepción, no siempre descubrimos que aquello no era lo que queríamos, algunas veces descubrimos que una parte importante de nuestro deseo estaba sostenida por todo lo que teníamos que hacer para llegar y si no reconocemos ese patrón, podemos volver a buscar algo difícil. 


Otra persona complicada, otro objetivo casi inaccesible, otra situación donde tengamos que luchar nuevamente, no porque queramos sufrir, sino porque ahí nuestro deseo vuelve a sentirse claro. 


Esto puede tener consecuencias importantes, porque podemos pasar por alto relaciones donde sí existe reciprocidad porque no producen intensidad, desconfiar de oportunidades que llegan con facilidad o permanecer demasiado tiempo frente a algo que constantemente nos rechaza porque cada dificultad aumenta nuestra determinación.  


El problema no es elegir cosas difíciles, muchas de las cosas que realmente queremos requieren esfuerzo, la pregunta aparece cuando lo difícil comienza a parecernos automáticamente más valioso que lo posible, entonces conviene observar nuestra propia historia, no para juzgar nuestras elecciones, sino para encontrar si existe una repetición que no habíamos visto. 


¿Qué suele ocurrir con tu deseo cuando aquello que parecía inaccesible finalmente deja de serlo? 


Si reconoces que algunas de las personas, proyectos o decisiones que más te han movilizado compartían precisamente la dificultad de conseguirlos, puede ser importante comprender qué relación has construido entre deseo y obstáculo. 


Un proceso terapéutico puede ayudarnos a observar esa repetición desde un lugar diferente, no para enseñarte qué deberías desear, sino para comprender por qué algunas cosas necesitan permanecer difíciles para conservar su valor ante ti. 


Si reconoces este patrón en tu propia historia, podemos comenzar a trabajarlo desde ahí. 


"De EL LOCO a EL MUNDO" 

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica. 

 

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CUANDO NECESITAS INTENSIDAD PARA SENTIRTE VIVO

Algunas personas funcionan especialmente bien frente a las dificultades, una crisis no necesariamente las paraliza, puede ocurrir lo contrario, se concentran, toman decisiones y utilizan recursos que parecían no necesitar mientras todo estaba tranquilo, el problema termina y sienten alivio, pero después de cierto tiempo aparece algo extraño, la tranquilidad comienza a aburrirlas.


A riesgo de equivocarme, una de las sombras de El Carro puede aparecer cuando la intensidad se convierte en una de nuestras principales formas de sentir vitalidad.


No necesitamos provocar problemas conscientemente para que esto ocurra, podemos buscar retos cada vez mayores, tomar decisiones que vuelvan a colocarnos frente a la incertidumbre, perder interés por situaciones que se han vuelto estables o sentir que algo falta cuando nuestra vida finalmente atraviesa una etapa sin grandes conflictos.


Según lo que yo pienso, el problema comienza cuando confundimos la disminución de intensidad con falta de vida. 


No todo lo importante produce emociones fuertes, una relación puede volverse más tranquila sin estar vacía, una etapa estable puede ser valiosa aunque no nos obligue a superar constantemente dificultades y una vida puede estar funcionando bien sin producir permanentemente la sensación de que algo extraordinario está ocurriendo, sin embargo, para quien ha aprendido a reconocerse principalmente frente al reto, la tranquilidad puede resultar desconcertante.


Durante una dificultad sabe quién es, es quien enfrenta, quien responde, quien encuentra una salida, cuando desaparece el obstáculo, desaparece también el escenario donde algunas de sus capacidades resultaban más visibles.


Entonces puede aparecer el aburrimiento, no porque realmente falte algo afuera, sino porque puede faltar una forma conocida de sentirse a sí mismo vivo.


Esto merece atención cuando comienza a repetirse, cuando las relaciones pierden interés al volverse estables, cuando cada periodo tranquilo necesita rápidamente un nuevo desafío, cuando vivir sin urgencias produce más inquietud que descanso.


En esos casos, quizá no necesitemos otra experiencia intensa, puede ser más importante comprender por qué necesitamos esa intensidad para sentir que estamos plenamente vivos.


Esta pregunta difícilmente se resuelve diciéndonos que debemos aprender a disfrutar la tranquilidad, si el patrón se repite, seguramente cumple una función, comprender cuál es puede modificar mucho más que intentar controlarlo.


¿Qué encuentras en los momentos intensos de tu vida que parece desaparecer cuando todo está bien?


Si reconoces esta repetición en tus relaciones, decisiones o forma de vivir, podemos trabajarla dentro de un proceso terapéutico.


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CUANDO SIEMPRE ESTÁS ESPERANDO QUE ALGO CAMBIE

Hay etapas de la vida que realmente son transitorias, atravesamos una dificultad económica, terminamos una formación, esperamos que concluya un problema familiar o trabajamos durante meses para conseguir algo importante, sabemos que determinadas cosas tendrán que esperar, eso forma parte de vivir.


A riesgo de equivocarme, existe una diferencia entre atravesar una etapa temporal y convertir nuestra vida entera en una etapa temporal, esto último puede pasar casi inadvertido, seguimos trabajando, cumplimos responsabilidades, tomamos decisiones, hacemos planes, no parece que estemos esperando, sin embargo, buena parte de lo que deseamos permanece colocada después de alguna condición.


Cuando tenga más dinero, cuando termine este proyecto, cuando encuentre una pareja, cuando mis hijos crezcan, cuando tenga menos responsabilidades, etc.


Una de las sombras de El Carro puede aparecer cuando vivimos orientados hacia un punto futuro donde imaginamos que las condiciones finalmente permitirán que nuestra verdadera vida comience, mientras tanto, continuamos avanzando y quizá precisamente por eso tardamos tanto en reconocer el problema.


No estamos paralizados, podemos incluso conseguir muchas cosas, pero cada conquista parece preparar la siguiente etapa y el presente termina convertido en un lugar de paso.


Según lo que yo pienso, el futuro tiene una característica psicológica bastante seductora, todavía no puede contradecirnos, podemos imaginar que cuando cambien nuestras circunstancias seremos más tranquilos, más libres o más capaces de disfrutar.


Podemos pensar que una relación diferente modificará determinada experiencia, que con más dinero desaparecerá cierta preocupación, que cuando tengamos tiempo comenzaremos finalmente aquello que llevamos años queriendo hacer.


Tal vez algunas de esas cosas ocurran, las circunstancias importan, pero también puede llegar el cambio y encontrarnos nuevamente colocando nuestra vida detrás de una condición diferente, ahí merece la pena dejar de preguntarnos únicamente qué falta para llegar y comenzar a observar por qué necesitamos vivir de esa manera, porque algunas promesas sobre el futuro nos permiten aplazar decisiones que pertenecen al presente.


No necesariamente decisiones enormes, a veces aplazamos permitirnos disfrutar, relacionarnos de otra manera, tomarnos en serio un deseo, reconocer que algo no nos gusta o aceptar que la vida que construimos no produjo exactamente aquello que esperábamos sentir al construirla.


El “después” puede mantener abierta una posibilidad muy tranquilizadora: todavía no estoy viviendo como quiero porque todavía no he llegado.


Mientras esa explicación permanezca, no tenemos que descubrir qué ocurriría si llegáramos y algunas cosas siguieran exactamente igual dentro de nosotros, ese punto me parece mucho más interesante que recomendar “vivir el presente”, porque una persona puede saber perfectamente que debería disfrutar más lo que tiene, puede repetírselo durante años, puede incluso intentarlo y continuar sintiendo que algo importante comenzará después.


Cuando un patrón persiste a pesar de que ya lo reconocemos, quizá no necesitemos otro consejo, necesitamos comprender qué función cumple.


¿Qué protege esa expectativa?


¿Qué evita confrontar?


¿Qué mantiene pendiente?


Ahí es donde un proceso terapéutico puede abrir algo diferente, no se trata de convencerte de abandonar tus planes ni de conformarte con tus circunstancias actuales, se trata de descubrir por qué una parte de tu vida necesita permanecer siempre unos metros adelante de ti.


Porque quizá el problema no sea que todavía no hayas llegado, puede ser que llevas tanto tiempo viviendo hacia el siguiente lugar que ya no sabes qué tendría que ocurrir si finalmente no hubiera nada que esperar.


Si reconoces que desde hace años tu tranquilidad, tus deseos o alguna parte importante de tu vida permanecen detrás de un “cuando…”, podemos comenzar a trabajar precisamente desde ahí.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

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