SABES LLEGAR, ¿PERO SABES QUEDARTE?

Hay personas que tienen una enorme capacidad para comenzar, se entusiasman con una relación, un proyecto, un trabajo o una nueva etapa. 


Mientras aquello está comenzando pueden dedicarle tiempo, energía y atención, existe algo por descubrir y también cierta incertidumbre sobre lo que ocurrirá.


Después llega un momento menos espectacular, aquello que era nuevo comienza a convertirse en cotidiano.


A riesgo de equivocarme, una de las manifestaciones más interesantes de El Carro puede aparecer precisamente después de la conquista, no cuando intentamos conseguir algo, sino cuando ya lo conseguimos. 


Una relación puede comenzar con conversaciones interminables, descubrimientos y una enorme curiosidad por conocer al otro, con el tiempo conocemos sus historias, sus costumbres, sus defectos y también conoce los nuestros, ya no existe la misma cantidad de territorio por descubrir, entonces podemos pensar que la relación perdió algo y, seguramente lo perdió, perdió novedad, la pregunta es si también perdió valor.


Algo parecido puede ocurrir con un proyecto, mientras está naciendo pensamos constantemente en él, hay problemas que resolver, decisiones importantes y posibilidades abiertas, cuando finalmente funciona, aparece otro tipo de trabajo, el poder sostenerlo, entonces aparece la tentación de buscar algo nuevo, no necesariamente porque seamos irresponsables o incapaces de comprometernos.


Según lo que yo pienso, puede existir una dificultad menos evidente, algunas personas aprendieron a sentirse especialmente vivas cuando están conquistando algo, mientras existe una distancia entre ellas y aquello que desean, hay deseo y movimiento, cuando finalmente llegan, esa tensión desaparece.


Hay quienes pueden interpretar esa disminución como una señal de que necesitan marcharse, por eso alguien puede tener una sucesión de relaciones intensas que comienzan extraordinariamente bien y terminan cuando aparece la cotidianeidad, puede iniciar proyectos interesantes y perder entusiasmo justo cuando comienzan a consolidarse, puede cambiar de trabajo buscando nuevamente esa sensación de posibilidad que existía al principio del anterior.


A simple vista parecen historias diferentes, lo que me interesa es qué ocurre siempre en el mismo momento: cuando ya no existe nada que conquistar.


Permanecer tiene mala fama cuando se confunde con resignación, no estoy hablando de quedarse en una relación que hace daño, mantener un trabajo que destruye nuestra vida o continuar un proyecto que dejó de tener sentido, permanecer también puede ser una elección y exige capacidades distintas a las necesarias para conquistar.


Al comienzo de una relación descubrimos al otro, después necesitamos aprender a relacionarnos con la persona que ya conocemos. Al comenzar un proyecto imaginamos posibilidades, después necesitamos convivir con sus límites. Al llegar a una nueva etapa podemos reinventarnos, después tendremos que descubrir qué hacemos cuando esa nueva identidad también se vuelva cotidiana.


Hay algo menos excitante en todo esto, pero no necesariamente menos profundo, una parte importante de la vida ocurre precisamente después de que termina la novedad, ahí comenzamos a conocer realmente aquello que elegimos y también comenzamos a conocernos dentro de ello.


Tal vez por eso algunas personas pueden pasar muchos años cambiando de escenarios y encontrando siempre la misma sensación, al principio todo parece diferente, después algo se apaga, entonces vuelven a moverse.


No siempre necesitamos detener ese movimiento, pero sí puede valer la pena comprenderlo antes de concluir nuevamente que el problema está en aquello que dejó de emocionarnos.


¿Qué suele ocurrir contigo cuando aquello que deseabas finalmente se convierte en parte de tu vida cotidiana?


Esa pregunta puede resultar especialmente importante si reconoces una historia de relaciones, proyectos o etapas que comienzan con mucha intensidad y pierden sentido cuando desaparece la sensación de conquista.


Quizá hayas pensado muchas veces que todavía no encuentras a la persona, el trabajo o el proyecto adecuado, puede ser, pero si el mismo momento se repite con escenarios diferentes, vale la pena mirar también qué ocurre contigo ahí.


Un proceso terapéutico puede servir precisamente para eso.


No para convencerte de permanecer donde ya no quieres estar, sino para distinguir cuándo realmente terminó tu deseo y cuándo necesitas marcharte para volver a sentir la intensidad de estar persiguiendo algo, si reconoces esa diferencia como un conflicto en tu vida, puedes escribirme.




"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189




CUANDO NECESITAS TENER RAZÓN

Hay discusiones que comienzan intentando resolver un problema y terminan intentando establecer quién tiene razón, en algún momento dejamos de escuchar, recordamos detalles que apoyan nuestra versión, explicamos nuestras intenciones, señalamos las contradicciones del otro y si reconocemos un error, podemos sentir inmediatamente la necesidad de agregar una explicación que disminuya nuestra responsabilidad.


A riesgo de equivocarme, en algunas discusiones ya no estamos defendiendo una idea, estamos defendiendo la imagen que necesitamos conservar de nosotros mismos.


Una persona puede considerarse justa, responsable, inteligente o consciente, entonces aparece una situación donde actuó de una manera que contradice esa imagen, reconocerlo no siempre resulta sencillo, porque ya no tendría que aceptar únicamente “me equivoqué”, también tendría que aceptar que puede ser injusta, aunque se considere justa, lastimar a alguien, aunque no haya querido hacerlo o actuar desde un lugar que creía haber trabajado.


Una manifestación de El Carro puede aparecer cuando necesitamos vencer esa contradicción.


Encontramos una explicación que nos permita continuar siendo la persona que creemos que somos.


“Sí lo hice, pero fue porque tú…”

“Reconozco mi error, aunque también tienes que reconocer…”

“No estoy justificándome, solamente quiero que entiendas…”


Tal vez lo que explicamos sea cierto, el problema no está necesariamente en la explicación, está en para qué la necesitamos en ese momento, saber si puede ayudarnos a comprender nuestra conducta o puede servir para protegernos de algo que no queremos reconocer sobre nosotros. 


Esta diferencia importa mucho en un proceso de trabajo interior, porque conocernos no consiste únicamente en comprender nuestras heridas, necesidades y razones, también implica encontrarnos con aspectos propios que no coinciden con la persona que nos gusta pensar que somos, en ese punto, la inteligencia puede convertirse incluso en una defensa.


Mientras mejores sean nuestros argumentos, más fácil puede resultar construir una explicación donde nuestra participación quede suficientemente justificada, podemos pasar años entendiendo por qué los demás reaccionan de determinada manera y dedicar mucho menos tiempo a preguntarnos qué ocurre con nosotros dentro de esas relaciones.


No se trata de asumir toda la culpa, eso sería tan poco útil como colocarla completamente afuera, se trata de poder reconocer nuestra parte sin sentir que hacerlo destruye nuestro valor, porque si cada error amenaza lo que pensamos sobre nosotros, necesitaremos defendernos cada vez que alguien nos muestre algo que contradiga esa imagen y terminaremos aprendiendo mucho sobre los errores ajenos mientras permanecemos bastante protegidos de los propios.


Según lo que yo pienso, existe un momento importante en cualquier trabajo terapéutico, ocurre cuando una persona puede dejar de preguntarse quién tuvo razón durante unos minutos y comenzar a preguntarse:


¿Qué hice yo con aquello que me ocurrió?


No para condenarse, sino para conocerse, tal vez descubramos que reaccionamos desde el miedo, que intentamos controlar, que castigamos retirándonos, que necesitamos ganar, que repetimos exactamente algo que criticamos en los demás.


Reconocerlo puede ser incómodo, pero también abre una posibilidad que ninguna justificación ofrece: hacer algo diferente la próxima vez.


Por eso una terapia profunda no debería convertirse en un lugar donde el terapeuta confirme constantemente nuestra versión de los hechos, tampoco en un tribunal donde alguien determine quién fue culpable, puede ser un espacio donde nuestras explicaciones sean escuchadas, pero también cuestionadas cuando comienzan a impedirnos mirar algo de nosotros.


Eso exige bastante más que contar lo ocurrido, exige estar dispuesto a descubrir algo que quizá todavía no sabemos, incluso cuando llevamos años pensando sobre nosotros mismos.


¿Qué conflicto continúa repitiéndose porque todavía puedes explicar perfectamente por qué el problema está en los demás?


Si has trabajado mucho en comprenderte, pero algunas dificultades siguen apareciendo en tus relaciones, quizá haya llegado el momento de mirar aquello que no puedes observar fácilmente desde tu propia posición, ese es precisamente uno de los sentidos de realizar un proceso acompañado, si quieres comenzar ese trabajo conmigo, puedes escribirme


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DETENERTE NO SIGNIFICA QUE ESTÉS RETROCEDIENDO

Hay personas que saben resolver, cuando aparece una dificultad buscan información, analizan posibilidades y hacen algo al respecto. Esa capacidad suele funcionar bastante bien frente a muchos problemas de la vida.


A riesgo de equivocarme, la dificultad aparece cuando intentamos relacionarnos de la misma manera con nuestros conflictos interiores, queremos comprender qué sucede, encontramos una explicación, reconocemos nuestra historia, incluso podemos identificar perfectamente aquello que repetimos y esperamos que después de comprenderlo ocurra el cambio.


Pero no siempre ocurre.


Una persona puede saber desde hace años que necesita aprobación y continuar modificando sus decisiones para evitar el rechazo. Puede comprender por qué le cuesta establecer límites y seguir sintiendo culpa cada vez que intenta hacerlo. Puede reconocer qué tipo de relaciones repite y volver a encontrarse ocupando una posición muy parecida frente a alguien diferente.


Entonces aparece una pregunta bastante comprensible: “Si ya sé todo esto, ¿por qué sigo haciéndolo?”


Una de las manifestaciones de El Carro puede aparecer cuando interpretamos la ausencia de resultados inmediatos como falta de avance. 


Estamos acostumbrados a intervenir sobre los problemas, si algo no funciona, hacemos otra cosa, si no sabemos, aprendemos, si falta una herramienta, la buscamos, pero hay aspectos de nuestra vida interior que no se modifican únicamente porque hayamos encontrado una explicación correcta.


Según lo que yo pienso, comprender es necesario, pero no suficiente, podemos conocer nuestra historia sin haber modificado todavía la posición que aprendimos a ocupar dentro de ella y podemos volvernos extraordinariamente buenos explicándonos sin conseguir actuar diferente cuando aparece la situación real. Ahí existe una diferencia importante entre saber algo sobre nosotros y haberlo trabajado.


No se trata de acumular interpretaciones, tampoco de esperar pasivamente que algún día ocurra un cambio. El trabajo comienza cuando aquello que comprendemos puede ser observado en la vida cotidiana, cuestionado y elaborado hasta que aparecen otras posibilidades de respuesta.


Eso requiere tiempo, también puede producir periodos en los que aparentemente nada está cambiando, el conflicto sigue apareciendo, la emoción continúa, todavía cometemos errores que conocemos y precisamente ahí podemos desesperarnos y buscar una nueva respuesta, otra explicación, otro método, otro libro, otro profesional, algo que finalmente nos diga aquello que todavía no sabemos.


Pero tal vez el problema no sea que falte conocimiento, tal vez sabemos suficiente para comenzar a trabajar y hemos utilizado la búsqueda de nuevas respuestas para aplazar ese trabajo. 


Esta diferencia me parece especialmente importante para personas que llevan años intentando comprenderse, personas inteligentes, introspectivas, que han leído, pensado, hablado e incluso realizado otros procesos, no necesitan que alguien les explique superficialmente lo que les ocurre, muchas veces ya lo saben, lo que todavía no encuentran es cómo transformar ese conocimiento en una manera distinta de relacionarse consigo mismas y con los demás.


Ahí la psicoterapia puede tener otro sentido, no llegar para proporcionar una respuesta mágica, tampoco prometer que comprender una causa eliminará inmediatamente sus efectos, puede convertirse en un espacio donde aquello que ya sabes sobre ti deje de ser únicamente una explicación y comience a confrontarse con la forma concreta en que estás viviendo.


Por eso, detenerse dentro de un proceso no siempre significa retroceder, hay momentos en los que no necesitamos avanzar hacia una nueva explicación, necesitamos permanecer suficiente tiempo frente a aquello que ya encontramos.


¿Qué conflicto puedes explicar perfectamente y, aun así, continúa apareciendo en tu vida?


Tal vez esa sea una pregunta más útil que seguir buscando qué otra cosa necesitas saber. 


Si llevas tiempo comprendiendo lo que te ocurre, pero esa comprensión todavía no produce cambios sostenidos en tu vida cotidiana, podemos trabajar precisamente desde ese punto.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

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