Hay discusiones que comienzan intentando resolver un problema y terminan intentando establecer quién tiene razón, en algún momento dejamos de escuchar, recordamos detalles que apoyan nuestra versión, explicamos nuestras intenciones, señalamos las contradicciones del otro y si reconocemos un error, podemos sentir inmediatamente la necesidad de agregar una explicación que disminuya nuestra responsabilidad.
A riesgo de equivocarme, en algunas discusiones ya no estamos defendiendo una idea, estamos defendiendo la imagen que necesitamos conservar de nosotros mismos.
Una persona puede considerarse justa, responsable, inteligente o consciente, entonces aparece una situación donde actuó de una manera que contradice esa imagen, reconocerlo no siempre resulta sencillo, porque ya no tendría que aceptar únicamente “me equivoqué”, también tendría que aceptar que puede ser injusta, aunque se considere justa, lastimar a alguien, aunque no haya querido hacerlo o actuar desde un lugar que creía haber trabajado.
Una manifestación de El Carro puede aparecer cuando necesitamos vencer esa contradicción.
Encontramos una explicación que nos permita continuar siendo la persona que creemos que somos.
“Sí lo hice, pero fue porque tú…”
“Reconozco mi error, aunque también tienes que reconocer…”
“No estoy justificándome, solamente quiero que entiendas…”
Tal vez lo que explicamos sea cierto, el problema no está necesariamente en la explicación, está en para qué la necesitamos en ese momento, saber si puede ayudarnos a comprender nuestra conducta o puede servir para protegernos de algo que no queremos reconocer sobre nosotros.
Esta diferencia importa mucho en un proceso de trabajo interior, porque conocernos no consiste únicamente en comprender nuestras heridas, necesidades y razones, también implica encontrarnos con aspectos propios que no coinciden con la persona que nos gusta pensar que somos, en ese punto, la inteligencia puede convertirse incluso en una defensa.
Mientras mejores sean nuestros argumentos, más fácil puede resultar construir una explicación donde nuestra participación quede suficientemente justificada, podemos pasar años entendiendo por qué los demás reaccionan de determinada manera y dedicar mucho menos tiempo a preguntarnos qué ocurre con nosotros dentro de esas relaciones.
No se trata de asumir toda la culpa, eso sería tan poco útil como colocarla completamente afuera, se trata de poder reconocer nuestra parte sin sentir que hacerlo destruye nuestro valor, porque si cada error amenaza lo que pensamos sobre nosotros, necesitaremos defendernos cada vez que alguien nos muestre algo que contradiga esa imagen y terminaremos aprendiendo mucho sobre los errores ajenos mientras permanecemos bastante protegidos de los propios.
Según lo que yo pienso, existe un momento importante en cualquier trabajo terapéutico, ocurre cuando una persona puede dejar de preguntarse quién tuvo razón durante unos minutos y comenzar a preguntarse:
¿Qué hice yo con aquello que me ocurrió?
No para condenarse, sino para conocerse, tal vez descubramos que reaccionamos desde el miedo, que intentamos controlar, que castigamos retirándonos, que necesitamos ganar, que repetimos exactamente algo que criticamos en los demás.
Reconocerlo puede ser incómodo, pero también abre una posibilidad que ninguna justificación ofrece: hacer algo diferente la próxima vez.
Por eso una terapia profunda no debería convertirse en un lugar donde el terapeuta confirme constantemente nuestra versión de los hechos, tampoco en un tribunal donde alguien determine quién fue culpable, puede ser un espacio donde nuestras explicaciones sean escuchadas, pero también cuestionadas cuando comienzan a impedirnos mirar algo de nosotros.
Eso exige bastante más que contar lo ocurrido, exige estar dispuesto a descubrir algo que quizá todavía no sabemos, incluso cuando llevamos años pensando sobre nosotros mismos.
¿Qué conflicto continúa repitiéndose porque todavía puedes explicar perfectamente por qué el problema está en los demás?
Si has trabajado mucho en comprenderte, pero algunas dificultades siguen apareciendo en tus relaciones, quizá haya llegado el momento de mirar aquello que no puedes observar fácilmente desde tu propia posición, ese es precisamente uno de los sentidos de realizar un proceso acompañado, si quieres comenzar ese trabajo conmigo, puedes escribirme
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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