Hay personas que parecen tener una vida perfectamente encaminada, trabajan, cumplen responsabilidades, resuelven problemas, construyen proyectos, obtienen resultados, cuando aparece un obstáculo buscan una solución y continúan, parece que saben exactamente hacia dónde van, pero a riesgo de equivocarme, no siempre es así, existe una diferencia importante entre saber avanzar y saber hacia dónde queremos dirigir nuestra vida.
Podemos aprender a cumplir objetivos sin preguntarnos durante años si esos objetivos todavía nos representan.
Una persona puede ingresar a una profesión porque realmente le interesaba, con el tiempo obtiene experiencia, reconocimiento y estabilidad, todo indica que debe continuar, sin embargo, en algún momento descubre que ya no siente interés por aquello que durante años definió buena parte de su identidad.
Otra puede establecer una meta económica porque necesita seguridad, consigue aquello que buscaba, aumenta después la cantidad y continúa trabajando más, cada nuevo ingreso produce tranquilidad durante poco tiempo antes de convertirse en el nuevo mínimo necesario, después continúa exigiéndose más y la seguridad nunca llega.
También podemos mantener una relación, un proyecto o una manera de vivir porque funcionan bien, nada parece justificar un cambio y precisamente por eso dejamos de preguntarnos si todavía deberíamos estar ahí.
Según lo que yo pienso, uno de los conflictos más interesantes de El Carro aparece cuando confundimos movimiento con dirección. Moverse significa que algo está ocurriendo, tener dirección implica saber por qué queremos continuar hacia ese lugar, no son lo mismo.
Podemos avanzar rápidamente hacia algo que ya no deseamos, podemos ser disciplinados dentro de una vida que dejó de representarnos, podemos conseguir resultados que hace tiempo dejaron de responder a nuestras necesidades, incluso podemos sentir orgullo por nuestra capacidad de continuar mientras evitamos una pregunta difícil:
¿Todavía quiero llegar a donde todo esto me está llevando?
Esta pregunta no pretende convertir el movimiento en algo negativo, hay etapas en las que necesitamos actuar, construir, producir y asumir responsabilidades, el esfuerzo es fundamental en la vida, el problema aparece cuando avanzar se vuelve una respuesta automática, cuando detenernos para revisar una dirección comienza a sentirse como pérdida de tiempo, cuando cualquier pausa provoca culpa, cuando cambiar de objetivo parece invalidar todo lo que hicimos anteriormente.
En esos momentos, la propia capacidad puede convertirse en una dificultad, sabemos hacer tanto que podemos mantener durante años situaciones que otra persona habría tenido que cuestionar mucho antes, podemos resolver el cansancio organizándonos mejor, la insatisfacción la convertimos en una nueva meta, para la falta de sentido se llena la agenda y el vacío lo convertimos en otro proyecto. Cada solución permite continuar, pero no responde a la pregunta que está intentando manifestarse.
Hay personas que llegan a terapia sin una crisis evidente, no están destruidas, no dejaron de funcionar, no necesariamente presentan un problema que pueda explicarse en palabras, simplemente comenzaron a sospechar que la vida que saben sostener no es exactamente la vida que quieren continuar viviendo.
Esa pregunta se reprime porque resulta más difícil de responder que resolver un problema concreto, porque no existe algo externo a lo que podamos culpar, tal vez el trabajo funciona, la relación también, las responsabilidades están cubiertas, los resultados llegan y aun así aparece una sensación difícil de nombrar. No falta movimiento, falta dirección interior.
Una parte importante del trabajo con El Carro consiste, según lo que yo pienso, en aprender a dirigir nuestra potencia y no únicamente en demostrar que podemos utilizarla.
Porque tener fuerza no responde qué hacer con ella, tener disciplina no determina qué merece nuestro esfuerzo, ser capaz de conseguir algo tampoco demuestra que debamos seguir persiguiéndolo, en algún momento necesitamos revisar qué queremos construir con todo aquello que sabemos hacer.
Quiero dejarte dos preguntas.
¿La dirección actual de tu vida fue elegida por la persona que eres hoy o por una versión de ti que hace años decidió hacia dónde debía llegar?
Y si dejaras de preguntarte qué sigue.
¿Qué tendrías que preguntarte sobre la vida que ya tienes?
No necesitan una respuesta inmediata, de hecho, quizá responderlas demasiado rápido sea otra forma de continuar avanzando con sentido aparente, pero sin dirección profunda.
Sí externamente tu vida funciona, pero interiormente empiezas a cuestionar su dirección, quizá no necesites una nueva meta, puede ser necesario comprender qué buscas realmente antes de volver a poner toda tu fuerza en movimiento, en un proceso terapéutico podemos trabajar esa pregunta sin decirte hacia dónde debes ir.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189


