Podemos saber perfectamente qué sentimos, estoy enojado, estoy triste, tengo miedo, estoy frustrado, incluso podemos comprender bastante bien por qué nos sentimos así, pero hay una pregunta que no siempre sabemos responder ¿Qué hago con esto que siento?
Según lo que yo pienso, aquí encontramos una integración importante de El Carro si recuperamos una de sus posibilidades más importantes: la conquista de uno mismo.
Conquistarnos no significa convertirnos en personas imperturbables, tampoco dominar nuestras emociones hasta conseguir que solo aparezcan aquellas que consideramos adecuadas, eso sería confundir integración con represión.
Las emociones se presentan, algunas nos agradan, otras pueden desorganizarnos durante un tiempo, pero todas ellas producen algo dentro de nosotros y pueden movilizarnos a actuar.
El enojo es un buen ejemplo, podemos tener razones legítimas para estar enojados, alguien cruzó un límite, nos trataron injustamente, estamos cansados de una situación que lleva demasiado tiempo repitiéndose, el enojo puede ayudarnos a reconocer que algo necesita cambiar, pero tener razones para estar enojados no convierte automáticamente en adecuada cualquier conducta que aparezca después.
Podemos utilizar esa fuerza para hablar, poner un límite o tomar una decisión, pero también podemos utilizarla para lastimar. La legitimidad de una emoción no garantiza la utilidad de nuestra respuesta.
Esta diferencia me parece fundamental porque algunas personas pasan mucho tiempo intentando controlar lo que sienten, otras hacen exactamente lo contrario y consideran que expresar una emoción significa actuar de acuerdo con ella.
Tal vez exista otra posibilidad, sentir plenamente lo que aparece y después decidir qué queremos hacer con eso, ahí la emoción deja de ser una orden, puede convertirse en información, puede mostrarnos algo que estamos necesitando reconocer y también puede proporcionar la fuerza necesaria para modificar una situación.
A riesgo de equivocarme, eso se acerca mucho más a la conquista de uno mismo. No vencemos una parte de nosotros, aprendemos a conducirla.
Esto parece sencillo cuando lo escribimos, pero en la vida cotidiana puede ser bastante más complicado porque muchas de nuestras respuestas emocionales no comenzaron ayer, las llevamos repitiendo años, incluso décadas.
Hay personas que cuando se enojan atacan, otras se retiran, algunas guardan lo ocurrido durante días y lo recuperan después. No basta con reconocer el patrón para modificarlo, podemos saber perfectamente cómo reaccionamos y continuar haciéndolo.
Por eso me parece importante distinguir conciencia emocional de transformación emocional. Reconocer lo que sentimos es una parte del trabajo, descubrir qué hacemos repetidamente con ello y construir otra manera de responder requiere algo más.
¿Qué haces habitualmente con aquello que sientes cuando una emoción adquiere mucha fuerza dentro de ti?
No me refiero a lo que sabes que sería conveniente hacer, me refiero a lo que realmente haces, ahí suele encontrarse información mucho más valiosa. Un proceso terapéutico puede permitirnos trabajar precisamente en ese espacio que existe entre sentir algo y actuar desde aquello que sentimos.
Para mí, integrar El Carro también significa eso, aprender a conducir nuestra propia energía, no para eliminarla, sino para utilizarla de una manera que no termine llevándonos siempre al mismo lugar.
Conquistarte a ti mismo no significa dejar de sentir aquello que te altera, significa que eso que sientes ya no decide por ti qué vas a hacer.
Si reconoces tus emociones, pero sigues repitiendo respuestas que afectan tus relaciones o a ti mismo, podemos trabajar desde ese punto.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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