ELEGIRTE NO OCURRE UNA SOLA VEZ

Hay decisiones que tomamos después de pensarlas profundamente, elegimos una profesión porque expresaba nuestros intereses, construimos una relación porque deseábamos compartir la vida con esa persona, iniciamos un proyecto que reunía nuestras capacidades, convicciones y aspiraciones, aceptamos una forma de vida que, en ese momento, parecía corresponder con quienes éramos.


No todas las decisiones importantes nacen del miedo, la culpa o la necesidad de aprobación, algunas fueron verdaderamente nuestras, a riesgo de equivocarme, el problema puede aparecer años después, cuando seguimos sosteniéndolas sin preguntarnos si todavía representan a la persona en la que nos hemos convertido.


Con frecuencia entendemos la coherencia como permanencia, creemos que una persona coherente no cambia de dirección, sostiene su palabra, termina lo que comenzó, permanece fiel a sus decisiones, esta forma de pensar puede expresar responsabilidad, pero también puede convertir una elección pasada en una sentencia.


Según lo que yo he observado, elegir conscientemente no significa comprometer el resto de nuestra existencia con aquello esa elección, significa asumir una decisión desde la persona que somos en ese momento, aceptar sus consecuencias y conservar la posibilidad de revisarla conforme seguimos creciendo interiormente.


No somos exactamente la misma persona durante toda la vida, cambiamos después de una pérdida, después de una relación, después de tener hijos, después de atravesar una enfermedad, después de concluir una formación, después de descubrir una parte de nuestra historia que no habíamos comprendido.


También cambiamos sin que ocurra un acontecimiento extraordinario, la experiencia cotidiana puede modificar nuestros intereses, prioridades y maneras de vincularnos, lo que un día deseamos puede dejar de ser suficiente, aquello que nos daba sentido puede comenzar a limitarnos, una elección que fue auténtica puede necesitar una revisión igualmente auténtica.


Esto no significa abandonar todo cuando aparece una dificultad, hay decisiones que necesitan compromiso, paciencia y trabajo, una relación no deja de representarnos únicamente porque atraviesa un conflicto, un proyecto no pierde valor porque exige más esfuerzo del que imaginábamos, tampoco una profesión debe abandonarse cada vez que aparece cansancio.


En esa situación la pregunta seria: 


¿Estamos atravesando una dificultad dentro de una vida que todavía queremos construir o estamos utilizando la dificultad para no reconocer que dejamos de desearla?


No siempre es fácil distinguirlo, en ocasiones permanecemos porque existe algo valioso que necesita ser trabajado, en otras permanecemos porque cambiar nos obligaría a revisar la identidad que construimos a partir de esa elección. La persona que siempre quiso ser madre puede sentirse culpable al reconocer que también necesita recuperar una vida propia, quien dedicó décadas a una profesión puede experimentar vergüenza al descubrir que desea otra actividad, alguien que defendió una relación frente a todos puede sentir que terminarla confirmaría las críticas que recibió, una persona que se presentó durante años como fuerte e independiente puede resistirse a aceptar que necesita ayuda. 


Ya no se trata únicamente de cambiar una decisión, también habría que modificar la forma en que nos hemos explicado a nosotros mismos quiénes somos.


Una parte del trabajo de El Enamorado aparece en ese punto, elegirnos no consiste únicamente en tomar una gran decisión y sostenerla para siempre, también consiste en revisar nuestras elecciones sin tratarlas como pruebas definitivas de identidad. 


Podemos agradecer una etapa sin obligarnos a permanecer en ella, reconocer el valor de una relación sin asegurar que debe continuar de la misma manera, aceptar que un proyecto fue importante, aunque haya llegado el momento de terminarlo. 


Podemos cambiar de opinión sin negar la honestidad con la que pensamos anteriormente, hay decisiones que dejan de representarnos porque fueron tomadas desde una versión de nosotros que ya cumplió su recorrido, no tenemos que despreciarla, tampoco necesitamos continuar viviendo como ella para demostrarle fidelidad.


Quizá la coherencia más profunda no se encuentre en sostener siempre la misma elección, puede encontrarse en conservar la capacidad de preguntarnos si aquello que hacemos continúa expresando lo que sabemos, sentimos y necesitamos hoy.


Esta revisión tampoco tiene que conducir siempre a un cambio externo, tal vez descubramos que seguimos queriendo la relación, pero necesitamos establecer otros acuerdos. Que aún elegimos nuestra profesión, aunque debemos modificar la forma en que la ejercemos. Que el proyecto continúa teniendo sentido, pero ya no queremos sacrificar toda nuestra vida para sostenerlo. Volver a elegir no significa necesariamente empezar de nuevo, puede significar continuar de otra manera.


Quiero dejarte una pregunta que no busca invalidar las decisiones que has tomado:


¿La vida que construiste sigue expresando quién eres o se ha convertido en el compromiso que mantienes con una versión anterior de ti?


Responderla requiere algo más que hacer una lista de ventajas y desventajas, implica reconocer quién eras cuando elegiste, quién eres ahora y qué parte de tu vida todavía no ha podido acompañar ese cambio.


Si existe una distancia entre tus elecciones anteriores y la persona que hoy reconoces en ti, quizá no necesites abandonar inmediatamente lo que construiste, puede ser necesario comprender qué debe conservarse, qué necesita cambiar y qué ya no puede continuar.


En un proceso terapéutico podemos explorar esa diferencia sin imponer una decisión y sin reducir el cambio a una consigna sobre comenzar de nuevo.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


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