¿POR QUÉ NUNCA PARECE SUFICIENTE?

Hay personas que pasan años intentando conseguir algo, una estabilidad económica, un título, una casa, una posición profesional, una relación o el reconocimiento por un trabajo que les costó mucho construir. Mientras avanzan hacia ese objetivo pueden imaginar repetidamente cómo será el momento de conseguirlo.


“Cuando llegue ahí, finalmente podré estar tranquilo.”

“Cuando gane esa cantidad, voy a sentirme seguro.”

“Cuando termine esto, podré disfrutar.”

“Cuando consiga aquello, las cosas serán diferentes.”


Finalmente ocurre y durante un tiempo realmente son diferentes, existe satisfacción, orgullo, alivio, incluso felicidad, pero después de algunas semanas o meses, aquello que parecía extraordinario comienza a formar parte de la vida cotidiana.


Entonces aparece algo nuevo, otro objetivo, otra cantidad, otra experiencia, otro lugar al que llegar, a riesgo de equivocarme, solemos interpretar esto únicamente como ambición, la persona quiere seguir creciendo, tiene nuevos objetivos, no se conforma y puede ser exactamente eso, pero según lo que yo he observado, existe otra posibilidad que merece ser cuestionada, hay personas que aprendieron a relacionarse mejor con aquello que persiguen que con aquello que ya tienen. 


Mientras existe una meta, la vida adquiere una estructura muy clara, sabemos qué hacer mañana, qué necesitamos mejorar, cuánto falta, qué debemos resolver, qué sacrificios tienen sentido, incluso podemos soportar situaciones difíciles porque existe un punto futuro que promete justificar todo el esfuerzo.


La meta organiza el presente, cuando finalmente llegamos, esa estructura desaparece, durante un momento no hay nada que perseguir y ese momento puede resultar extraño.


Una persona que llevaba años construyendo una empresa puede conseguir finalmente la estabilidad que buscaba y, casi inmediatamente, comenzar una expansión que vuelve a ocupar toda su vida. Alguien puede alcanzar el ingreso que durante años consideró suficiente y descubrir que ahora necesita ganar el doble. Una persona termina una formación académica y antes de poder preguntarse qué quiere hacer con lo aprendido ya está buscando el siguiente grado.


También podemos hacer algo parecido con el trabajo interior, terminamos un proceso, leemos otro libro, buscamos otra explicación, otro curso, otra experiencia, otra herramienta para seguir “trabajándonos”. Siempre existe algo pendiente antes de poder sentir que finalmente estamos bien.


No creo que ninguna de estas conductas demuestre por sí sola un conflicto, sería absurdo pensar que después de conseguir una meta deberíamos renunciar a tener otras, el deseo forma parte de la vida, nos mueve, nos permite imaginar posibilidades, nos ayuda a construir.


La pregunta interesante aparece cuando no podemos permanecer demasiado tiempo frente a aquello que ya conseguimos. Cuando la satisfacción necesita ser sustituida rápidamente por una nueva expectativa.


Según lo que yo pienso, uno de los conflictos de El Carro puede aparecer ahí, sabemos conquistar, pero quizá sabemos mucho menos acerca de recibir aquello que conquistamos, porque recibir exige algo diferente.


Ya no necesitamos demostrar capacidad, no tenemos que vencer un obstáculo, no existe una distancia que recorrer, durante un momento solamente está aquello que conseguimos y nosotros frente a ello y puede aparecer una experiencia difícil de aceptar: no me hizo sentir como pensé que me haría sentir.


La casa llegó, pero la seguridad no. El reconocimiento llegó, pero la sensación de ser suficiente duró poco. La relación llegó, pero la soledad no desapareció completamente. El dinero mejoró las condiciones materiales, pero no resolvió todos los miedos que habíamos depositado sobre él. 


El logro fue real, la expectativa que colocamos sobre el logro era otra cosa. En lugar de cuestionar esa expectativa, podemos concluir que simplemente necesitamos más, una casa mejor, más reconocimiento, otra relación, una cantidad mayor, una nueva meta, así, el siguiente objetivo recibe la misma tarea que el anterior no pudo cumplir, hacernos sentir finalmente completos, no porque seamos superficiales, puede ocurrir precisamente en personas inteligentes, disciplinadas y capaces de construir cosas importantes, su capacidad les permite continuar buscando afuera respuestas que quizá nunca pertenecieron completamente al mundo exterior.


Hasta cierto punto, nuestra sociedad también facilita esta dinámica, casi siempre existe un siguiente nivel, si ganas determinada cantidad, puedes ganar más, si tienes cierto reconocimiento, puedes conseguir más audiencia, si desarrollaste una profesión, puedes obtener otra posición, si terminaste un proyecto, puedes comenzar uno mayor.


El mundo nunca nos obliga a preguntarnos cuándo algo es suficiente, esa pregunta tenemos que hacerla nosotros y quizá resulte incómoda porque “suficiente” suele confundirse con conformismo.


No estoy hablando de conformarnos, estoy hablando de poder reconocer el valor de aquello que existe antes de utilizarlo únicamente como escalón hacia otra cosa, poder disfrutar un logro sin convertirlo inmediatamente en el punto de partida de la siguiente exigencia, poder tener una cantidad y preguntarnos qué queremos hacer con ella antes de decidir que necesitamos más, poder recibir reconocimiento sin convertirlo en una nueva obligación de demostrar que seguimos mereciéndolo, poder llegar.


Una vida dedicada exclusivamente a llegar al siguiente lugar corre el riesgo de convertirse en una sucesión de destinos que nunca alcanzamos realmente a vivir.


Una parte del trabajo de El Carro podría encontrarse precisamente en esta pregunta: ¿Qué significa para ti que algo sea suficiente?


No qué debería ser suficiente, no lo que otras personas consideran suficiente, ¿Qué tendría que ocurrir dentro de ti para poder reconocer que algo ya lo es?


La respuesta puede revelar mucho, tal vez descubras que nunca estableciste ese límite, que cada meta se mueve en cuanto te acercas, que aquello que deseabas cambia de valor cuando finalmente lo consigues o que necesitas una nueva conquista para recuperar una sensación que desaparece cuando dejas de perseguir.


Entonces el problema quizá no sea tener demasiada ambición, puede ser no saber qué esperas encontrar finalmente detrás de todo aquello que consigues.


No quiero ofrecer una conclusión sencilla, prefiero dejarte con dos preguntas.


¿Qué has conseguido que alguna vez pensaste que cambiaría profundamente cómo te sentirías contigo?


Y después:


¿Qué comenzaste a perseguir cuando descubriste que no lo hizo?


Si reconoces una sucesión de metas que producen satisfacción durante poco tiempo antes de convertirse en una nueva exigencia, quizá valga la pena comprender qué esperas recibir realmente de cada conquista.


En un proceso terapéutico podemos trabajar esa pregunta sin pedirte que renuncies a tu ambición ni convencerte de que deberías conformarte con lo que tienes.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


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