Durante buena parte de nuestra vida existen metas que parecen organizar naturalmente lo que sigue, terminar una formación, comenzar a trabajar, independizarnos, mejorar nuestros ingresos, construir una relación, desarrollar una profesión.
No todas las personas siguen el mismo recorrido, pero suele existir algo hacia lo cual dirigir el esfuerzo.
Durante años podemos responder con cierta facilidad una pregunta: ¿Qué sigue?
Después pasa el tiempo, algunas cosas salen mal, otras salen bien y varias de aquellas metas que alguna vez parecían lejanas terminan convirtiéndose en nuestra vida cotidiana.
A riesgo de equivocarme, una de las sombras más interesantes de El Carro puede aparecer justamente ahí, cuando no estamos frente al fracaso, cuando hemos llegado.
Porque llegar también puede dejarnos sin la dirección que durante años organizó buena parte de nuestra identidad, esto puede ser difícil de reconocer, una persona puede tener una profesión estable, cierta seguridad económica, relaciones importantes y una vida que objetivamente funciona, no necesariamente está deprimida ni quiere abandonar todo, simplemente comienza a aparecer una pregunta que antes no necesitaba hacerse con tanta profundidad.
¿Qué quiero ahora?
La respuesta automática puede ser construir una nueva meta y puede ser una respuesta completamente válida, pero según lo que yo pienso, existe un momento en el que conviene distinguir entre tener un nuevo deseo y necesitar un nuevo destino.
No son exactamente lo mismo, podemos pasar décadas sabiendo quiénes somos por aquello que estamos intentando construir, soy quien está estudiando para convertirse en esto, quien trabaja para conseguir aquello, quien intenta establecerse, quien está construyendo determinada vida, siempre existe una versión futura hacia la cual dirigirnos.
Cuando algunas de esas grandes tareas terminan, ya no basta con seguir respondiendo quién queremos llegar a ser, puede aparecer otra pregunta: ¿Quién soy dentro de la vida que ya construí?
No siempre tenemos una respuesta y precisamente porque somos personas funcionales podemos resolver rápidamente esa ausencia mediante otra meta, seguimos avanzando, pero llega una etapa en la que acumular destinos puede dejar de responder la pregunta, no porque tengamos que abandonar la ambición, tampoco porque exista una edad en la que debamos conformarnos con lo conseguido, el problema es otro.
Una meta puede decirnos hacia dónde movernos, no necesariamente puede decirnos qué queremos hacer con nuestra existencia.
Esa diferencia puede aparecer después de los cuarenta, cincuenta o sesenta años, aunque no pertenece exclusivamente a ninguna edad.
De pronto existe suficiente historia detrás de nosotros como para reconocer todo aquello que hicimos, pero también suficiente vida adelante como para no querer limitarla a repetir el mismo recorrido con objetivos diferentes.
Entonces la desorientación no necesariamente indica que algo salió mal, puede señalar que las respuestas con las que construimos una etapa de nuestra vida ya no son suficientes para construir la siguiente y eso merece algo más que encontrar rápidamente una nueva meta.
Hay personas que llegan a terapia precisamente en este punto, no llegan porque su vida esté destruida, llegan porque funciona y ya no entienden por qué eso no responde algunas preguntas que comenzaron a aparecer.
Han aprendido, han construido, han superado dificultades, saben resolver problemas, lo que no saben es qué desean hacer ahora con todo aquello que son.
Ese tipo de pregunta difícilmente se resuelve con un consejo, necesita tiempo, profundidad y un espacio donde podamos distinguir deseos propios, expectativas que ya cumplieron su función y formas de vida que quizá seguimos sosteniendo solamente porque durante muchos años nos dieron dirección.
Ahí puede comenzar una etapa particularmente fértil del trabajo interior, no necesitamos destruir lo construido, necesitamos conocer a la persona que llegó hasta aquí y preguntarle qué quiere ahora.
Si ya no tuvieras que demostrar mediante una nueva meta que sigues avanzando, ¿qué elegirías hacer con los próximos años de tu vida?
Tal vez tengas una respuesta inmediata, tal vez no, si tienes una vida construida, pero hace tiempo comenzó a aparecer una sensación de desorientación que no consigues explicar únicamente por tus circunstancias, puede ser un buen momento para comenzar un proceso terapéutico, no necesariamente porque algo esté mal, porque quizá aquello que te trajo hasta aquí ya no alcanza para decidir hacia dónde quieres dirigir la siguiente parte de tu vida, si reconoces ese momento, podemos comenzar desde ahí.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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