No siempre sabemos lo que queremos. Hay decisiones que necesitan tiempo porque nuestros sentimientos son contradictorios, nos falta información o todavía necesitamos comprender qué está ocurriendo con nosotros.
Pero también sucede algo diferente: sabemos lo que queremos y no queremos admitirlo.
En consulta esta diferencia aparece con frecuencia. Una persona puede pasar mucho tiempo explicando por qué todavía no sabe si quiere continuar una relación, cambiar determinada situación, alejarse de alguien o hacer algo que desea. Hay momentos en los que la duda es real, pero otras veces, cuando comenzamos a profundizar, descubrimos que la respuesta lleva bastante tiempo ahí.
El problema es que aceptarla tendría consecuencias.
Tal vez aquello que quiero contradice lo que mi familia espera de mí, la educación que recibí, mis valores o incluso la imagen que tengo de mí mismo. Entonces puedo comenzar a construir explicaciones alrededor de mi deseo para no tener que reconocerlo directamente.
Ahí encuentro uno de los conflictos que trabajo con La Justicia. La carta no tiene los ojos vendados. Nos mira de frente. Para mí, esa mirada exige terminar con la hipocresía interior y reconocer aquello que pensamos, sentimos y queremos sin maquillarlo inmediatamente para hacerlo más aceptable.
Eso no significa que tengamos que hacer todo lo que deseamos.
Puedo reconocer que quiero abandonar algo y decidir permanecer. Puedo sentir un deseo y elegir no realizarlo. Puedo aceptar un pensamiento que contradice mis valores y decidir que no quiero convertirlo en un acto. Aceptar lo que existe dentro de mí y decidir qué hago con ello son momentos diferentes.
Ahí aparece la responsabilidad.
Mientras sigo diciendo “no sé” cuando en realidad sí sé, puedo aplazar indefinidamente aquello que implicaría reconocer mi respuesta. Cuando finalmente puedo decir “esto es lo que quiero”, aparece una pregunta mucho más difícil: ¿qué voy a hacer con lo que ahora acepto de mí?
Para mí, la individuación no consiste en construir una versión ideal de nosotros mismos. Implica poder mirar nuestra subjetividad incluso cuando encontramos deseos, pensamientos o emociones que chocan con aquello que considerábamos correcto.
En un proceso terapéutico algunas personas no necesitan que alguien les diga qué quieren. Ya lo saben. Necesitan un espacio donde puedan dejar de justificarlo, reconocerlo sin condenarse y comenzar a responsabilizarse de lo que harán con ello.
Porque aceptar lo que quieres no te obliga a hacerlo. Pero mientras necesites convencerte de que no lo quieres, difícilmente podrás decidir con libertad qué hacer.
¿Qué cambiaría si dejaras de justificar lo que quieres y simplemente comenzaras por reconocerlo?
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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