Cuando hablamos de conocernos solemos prestar mucha atención a nuestras dificultades. Queremos comprender nuestros conflictos, reconocer nuestros defectos, descubrir aquello que necesitamos cambiar y observar las partes de nosotros mismos que todavía nos producen problemas.
Todo eso forma parte del trabajo interior, pero conocernos también tendría que permitirnos reconocer aquello que hacemos bien.
Podemos tener facilidad para enseñar, escribir, escuchar, organizar, crear, dirigir, aprender, acompañar a otras personas o resolver determinados problemas. También podemos haber desarrollado paciencia, sensibilidad, disciplina, creatividad, perseverancia o cualquier otra virtud que se haya convertido en un recurso importante dentro de nuestra vida.
Sin embargo, no siempre resulta sencillo reconocer esas cualidades abiertamente. Algunas personas pueden hablar durante horas de aquello que necesitan mejorar y sentirse incómodas cuando tienen que reconocer algo que hacen especialmente bien.
Tal vez hemos confundido humildad con disminuir nuestras capacidades.
Según lo que yo pienso, una integración importante de El Carro consiste en asumir nuestros talentos y nuestras virtudes, no para sentirnos superiores a otras personas, sino para reconocer con qué recursos contamos y comenzar a preguntarnos qué queremos hacer con ellos.
Porque cuando reconocemos una capacidad aparece cierta responsabilidad.
Si sé que tengo facilidad para algo, puedo desarrollarla o dejarla prácticamente intacta. Si reconozco una virtud, puedo encontrar una manera de expresarla en mi vida o limitarme a considerarla una característica agradable de mi personalidad.
Un talento puede permanecer durante años como posibilidad.
Podemos saber que escribimos bien y nunca terminar aquello que queremos escribir, podemos tener facilidad para enseñar y nunca construir un espacio donde hacerlo, podemos ser creativos y mantener nuestras ideas permanentemente dentro de nuestra imaginación. Incluso podemos pasar mucho tiempo diciendo que algún día haremos algo con determinada capacidad sin llegar a descubrir qué ocurriría si realmente la desarrolláramos.
Mientras permanece ahí, también permanece protegida.
Podemos imaginar que seríamos buenos haciéndolo, pero no tenemos que encontrarnos todavía con nuestros límites. Cuando comenzamos a utilizar una capacidad en la realidad aparecen la práctica, los errores, las correcciones, aquello que todavía necesitamos aprender y la posibilidad de descubrir que tener facilidad para algo no significa dominarlo.
A riesgo de equivocarme, creo que asumir nuestros talentos también implica aceptar esa parte.
No basta con decir “soy bueno para esto”. Hay que estar dispuesto a descubrir qué necesita esa capacidad para crecer.
Por eso salir de nuestra comodidad no necesariamente significa hacer algo extremo o buscar situaciones difíciles. Puede significar simplemente dejar de mantener una parte importante de nosotros en el terreno de las posibilidades y comenzar a darle una forma concreta.
Tal vez tengamos que estudiar algo que hemos postergado, terminar un proyecto, mostrar nuestro trabajo, construir un espacio propio, practicar una habilidad o tomar una decisión que permita utilizar capacidades que nuestra vida actual apenas necesita.
Eso no garantiza ningún resultado.
Tampoco convierte nuestros talentos en una obligación de producir constantemente ni significa que tengamos que convertir cada capacidad en dinero, reconocimiento o profesión. La responsabilidad está en decidir conscientemente qué queremos hacer con aquello que reconocemos en nosotros, en lugar de permitir que pasen los años sin formular siquiera la pregunta.
¿Qué talento o virtud reconoces en ti, pero todavía no has asumido completamente?
En un proceso terapéutico también podemos encontrarnos con esta dificultad. Hay personas que conocen bastante bien sus capacidades, pero cuando intentan llevarlas a la realidad aparecen temores, dudas, formas de protegerse o maneras de permanecer dentro de una vida conocida que no habían relacionado con ellas.
El trabajo no necesariamente consiste en decirles que crean más en sí mismas. Puede ser mucho más interesante comprender qué ocurre cuando aquello que saben de sí mismas comienza a pedirles una forma diferente de vivir.
Para mí, la conquista de uno mismo que representa El Carro también incluye esto: reconocer nuestras limitaciones sin negar nuestros recursos, asumir aquello que podemos hacer y aceptar la responsabilidad de descubrir hasta dónde queremos desarrollarlo.
Conocernos nos permite reconocer nuestros talentos y nuestras virtudes, pero llega un momento en que conocernos ya no es suficiente.
También tendremos que decidir qué vamos a hacer con aquello que sabemos de nosotros mismos.
Si reconoces capacidades que llevan demasiado tiempo permaneciendo solamente como posibilidades, un proceso terapéutico puede ayudarnos a comprender qué ocurre cuando intentas darles un lugar real en tu vida.
"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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