Trabajar con El Loco no es encontrar respuestas.
Es aprender a sostener el movimiento.
Muchas personas llegan a un proceso buscando claridad inmediata.
Quieren entender qué les pasa, por qué se sienten así, qué deberían hacer.
Pero con El Loco ocurre algo distinto.
El proceso no se centra en explicar…
se centra en activar.
En comenzar a moverse incluso sin tener todo resuelto.
Y eso es incómodo.
Porque implica actuar sin la garantía de que todo saldrá bien.
Implica atravesar la duda, la ansiedad, el miedo… sin detenerse.
Aquí es donde muchas personas se confunden.
Creen que, porque ya entendieron algo, ya están cambiando.
Pero entender no es lo mismo que transformar.
El trabajo real comienza cuando lo comprendido se lleva a la acción.
Y sobre todo, cuando esa acción se sostiene en el tiempo.
El proceso con El Loco pide algo muy específico:
dejar de esperar el momento ideal y empezar a caminar.
No perfecto.
No seguro.
No completo.
Pero real.
Porque es en el movimiento donde aparece la claridad, no antes.

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