La sombra de El Loco no se ve como miedo evidente.
Se disfraza de libertad.
De espontaneidad.
De “así soy yo”.
Pero en el fondo, es evasión.
Es una forma de moverse sin dirección para no hacerse responsable de nada.
La persona en la sombra de El Loco cambia constantemente de idea, de proyecto, de rumbo.
Empieza cosas, pero no las sostiene.
Se entusiasma rápido, pero se apaga igual de rápido.
Y lo justifica:
“No me gusta sentirme atado.”
“No quiero perder mi esencia.”
“No todo tiene que ser tan estructurado.”
Pero si se observa con honestidad, aparece algo claro:
No es libertad.
Es miedo al compromiso.
Miedo a elegir… y tener que sostener esa elección.
Porque elegir implica renunciar.
Implica dejar otras opciones atrás.
Implica asumir consecuencias.
Y eso es precisamente lo que la sombra de El Loco evita.
Prefiere moverse sin dirección que quedarse en un camino y enfrentarse a lo que ese camino exige.
El problema es que esa aparente libertad termina generando vacío.
Una sensación de no avanzar, de repetir ciclos, de no construir nada sólido.
La sombra de El Loco no destruye de golpe.
Desgasta poco a poco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario