El error está mal visto, se asocia con fracaso, pérdida, retroceso, por eso muchas personas desarrollan una necesidad constante de hacerlo todo “bien”, revisan opciones, evalúan escenarios, anticipan consecuencias. Intentan reducir al mínimo cualquier margen de error.
Desde fuera parece responsabilidad, desde dentro, muchas
veces es miedo, miedo a tomar una decisión que no funcione, miedo a perder algo
importante, miedo a enfrentar las consecuencias.
El problema es que esa necesidad de control absoluto no es
realista, no puedes anticiparlo todo, no puedes garantizar resultados, no
puedes eliminar el error del proceso.
Y cuando intentas hacerlo, lo que ocurre es otra cosa: te
detienes, postergas decisiones, aplazas movimientos. Te quedas en el mismo
lugar. Crees que así te proteges, pero en realidad estás renunciando a avanzar.
Aquí hay un punto clave que pocas personas aceptan: no
decidir también es una decisión y tiene consecuencias, solo que son más lentas,
más silenciosas y difíciles de detectar.
No se trata de actuar sin pensar, se trata de aceptar que el error es parte del proceso, de moverte sin garantías, de asumir que aprender también implica equivocarte. Si no puedes tolerar el error, no puedes crecer y mientras eso no cambie, vas a seguir detenido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario