Hay un punto en el proceso personal donde la confusión desaparece, ya no estás buscando respuestas, ya las tienes. Sabes qué decisión necesitas tomar, sabes qué conversación has evitado, sabes qué límite hace falta y, aun así, no actúas.
Esto suele disfrazarse de duda, de tiempo, de proceso, pero en realidad es otra cosa: resistencia.
No porque no entiendas, sino porque actuar implica incomodidad. Decidir puede implicar perder algo, hablar puede generar conflicto, poner un límite puede cambiar una relación y eso genera tensión.
Entonces aparece la postergación, no como falta de claridad, sino como una forma de evitar esa incomodidad. El problema es que mientras más lo postergues, más peso emocional acumulas, porque sabes lo que tienes que hacer y no hacerlo genera frustración.
Aquí hay algo importante: no actuar también es una decisión.
No es neutral, tiene consecuencias, te mantiene en el mismo lugar y mientras no lo reconozcas así, vas a seguir justificando la inacción. Este punto no se resuelve entendiendo más, se resuelve haciendo algo distinto con lo que ya sabes, aunque incomode, aunque no sea perfecto, aunque implique cambio.
Si te identificas con esto, hay algo que necesita ser trabajado más a fondo.
Si quieres trabajar esto de forma seria y sistematizada, puedes escribirme.

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