APRENDER A INCOMODAR SIN SENTIR CULPA

Hay algo que detiene a muchas personas cuando empiezan a trabajar en sí mismas: la culpa.


No la culpa por hacer daño real, sino la culpa por incomodar, decir lo que piensas, poner un límite, cambiar una dinámica insana, dejar de adaptarte, todo eso genera reacción.


Y cuando estás acostumbrado a sostener vínculos desde la adaptación, esa reacción se siente como un error, como si hubieras hecho algo mal.


Pero no siempre es así, muchas veces, lo único que hiciste fue dejar de sostener una versión de ti que mantenía cómodo al otro.


La Emperatriz en integración tiene que aprender algo difícil: que el malestar ajeno no siempre es su responsabilidad.


Alguien puede molestarse porque ya no cedes como antes, porque ya no respondes igual, porque ya no sostienes la misma dinámica y eso no significa que estés dañando, significa que estás cambiando.


El problema es que, si no puedes tolerar esa incomodidad, vas a regresar a lo conocido, a agradar, a ceder, a callar, no porque quieras, sino porque no soportas sentir culpa.


Por eso este punto es clave: aprender a distinguir entre culpa real y culpa aprendida.


La primera aparece cuando haces daño, la segunda aparece cuando dejas de adaptarte, y confundirlas te mantiene atrapado.


Incomodar no es lastimar, a veces es el precio de empezar a ser claro, y sin claridad, no hay cambio real.


Si quieres trabajar esto metodológicamente, puedes escribirme por mensaje directo o WhatsApp.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


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