Hay una imagen que muchas personas tienen de sí mismas: la de alguien fuerte.
Alguien que resuelve, alguien que no se derrumba fácilmente, alguien que sigue adelante, aunque las circunstancias sean difíciles, y esa imagen suele construirse con orgullo, porque detrás de ella hay años de esfuerzo, sacrificio y resistencia.
El problema es que pocas veces se revisa cómo nació esa fortaleza, porque no toda fortaleza surge del desarrollo emocional, algunas nacen del miedo, miedo a ser herido nuevamente, miedo a depender, miedo a necesitar, miedo a que alguien vea partes de ti que aprendiste a ocultar.
Muchas personas no se endurecieron porque querían, se endurecieron porque en algún momento sintieron que era la única forma de protegerse.
Tal vez crecieron en entornos donde expresar emociones era visto como debilidad, tal vez aprendieron que nadie iba a sostenerlas cuando estuvieran mal, tal vez descubrieron demasiado temprano que la vulnerabilidad podía ser utilizada en su contra.
Entonces desarrollaron una solución, no sentir demasiado, no mostrar demasiado, no necesitar demasiado, y esa solución funcionó, les permitió adaptarse, les permitió sobrevivir, les permitió construir una identidad fuerte.
Pero esa solución también tuvo consecuencias, porque cuando una persona pasa años cerrándose emocionalmente para evitar el dolor, también empieza a cerrarse a otras experiencias, a la confianza, a la intimidad, a la capacidad de apoyarse en otros, a la posibilidad de mostrarse humana.
Aquí aparece una de las trampas más grandes de El Emperador en sombra: confundir dureza con fortaleza.
Porque una persona puede parecer muy fuerte mientras en realidad está viviendo desde la protección constante, puede parecer segura mientras sigue evitando cualquier situación que la haga sentirse vulnerable, puede parecer estable mientras dedica enormes cantidades de energía a no mostrar sus heridas.
La verdadera fortaleza no consiste en no sentir, no consiste en no necesitar, no consiste en no quebrarse nunca, la verdadera fortaleza aparece cuando ya no necesitas esconder partes de ti para sentirte seguro, cuando puedes reconocer tu miedo sin que eso destruya tu identidad, cuando puedes aceptar tu vulnerabilidad sin interpretarla como debilidad, cuando puedes pedir apoyo sin sentir vergüenza.
Y para muchas personas, eso requiere más valor que cualquier armadura, porque sostener una máscara es difícil, pero quitársela suele ser mucho más difícil todavía.
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"De EL LOCO a EL MUNDO"
Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.
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