CUANDO TODO TIENE QUE SERVIR PARA ALGO

Hay personas que han aprendido a utilizar muy bien su tiempo, trabajan, estudian, hacen ejercicio, desarrollan proyectos y cumplen responsabilidades, incluso cuando descansan buscan hacerlo de una manera que les permita recuperar energía para continuar.


A riesgo de equivocarme, la dificultad comienza cuando prácticamente todo lo que hacemos necesita justificar para qué sirve.


Una actividad deja de ser suficiente porque nos gusta, sí o sí, tiene que enseñarnos algo, mejorar alguna capacidad, cuidar nuestra salud, ayudarnos profesionalmente o contribuir de alguna manera a nuestro desarrollo, poco a poco podemos comenzar a sentir que dedicar tiempo a algo que no produce ningún resultado es desperdiciarlo.


Una de las manifestaciones de El Carro puede aparecer cuando esa necesidad de avanzar deja de estar limitada a nuestros objetivos y comienza a extenderse sobre prácticamente toda nuestra existencia.


Ya no basta con vivir una experiencia, necesitamos convertirla en algo y esto puede parecer una forma de disciplina, pero también puede mostrar algo más profundo, si nuestro tiempo solamente parece valioso cuando produce, existe el riesgo de que terminemos valorándonos de la misma manera.


Mientras resolvemos, somos necesarios. Mientras producimos, estamos haciendo algo importante. Mientras aprendemos, sentimos que estamos creciendo. Mientras conseguimos resultados, podemos comprobar que estamos utilizando correctamente nuestras capacidades.


La dificultad aparece cuando no hay nada que demostrar mediante aquello que hacemos, por eso algunas personas pueden sentirse culpables frente al descanso, aunque nadie les esté exigiendo trabajar, pueden abandonar una actividad que disfrutaban cuando descubren que no son especialmente buenas en ella o convertir un interés personal en otro espacio donde deben mejorar constantemente, no porque hayan decidido conscientemente vivir así, tal vez aprendieron hace mucho tiempo que hacer, producir y conseguir son formas de otorgarse valor.


Entonces, incluso el trabajo interior puede quedar atrapado en la misma lógica, queremos conocernos para cambiar, queremos comprender un conflicto para dejar de sentirlo, queremos que la terapia produzca resultados y comenzamos a preguntarnos por qué todavía repetimos algo que intelectualmente ya comprendimos, en lugar de permitirnos atravesar un proceso, también queremos rendir dentro de él.


Según lo que yo pienso, ahí aparece una contradicción importante, buscamos transformarnos, pero utilizamos para hacerlo la misma exigencia que quizá necesitamos cuestionar.


No se trata de renunciar a los objetivos ni de dejar de aprovechar nuestras capacidades, se trata de reconocer qué ocurre cuando no tenemos que convertir cada aspecto de nuestra vida en una oportunidad para avanzar, porque una persona puede pasar muchos años construyéndose y nunca permitirse simplemente ser quien es durante un momento.


Siempre existe algo por corregir, algo por aprender, algo que desarrollar, una versión mejor a la que llegar y de esa manera el presente puede convertirse únicamente en una etapa insuficiente entre la persona que somos y aquella que creemos que deberíamos llegar a ser.


Tal vez por eso hacer algo sin ninguna utilidad puede resultar más difícil de lo que parece, no produce una prueba, no demuestra capacidad, no mejora nuestro currículum, no genera dinero, no nos convierte en alguien más interesante y quizá ahí exista una pregunta importante sobre nuestra relación con nosotros mismos:


¿Puedes permitirte dedicar parte de tu vida a algo que no mejore absolutamente nada de ti?


La respuesta no habla solamente de cómo utilizas tu tiempo, puede mostrar cuánto necesitas producir, crecer o mejorar para sentir que el tiempo que dedicas a ti mismo tiene valor.


Si incluso descansar, disfrutar o trabajar interiormente termina convertido en otra exigencia, quizá no necesites agregar una nueva actividad destinada a ayudarte a vivir mejor, puede ser necesario comprender por qué estar vivo, algunas veces, parece no ser suficiente si no estás haciendo algo con ello, eso también puede trabajarse dentro de un proceso terapéutico.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189






¿POR QUÉ NUNCA PARECE SUFICIENTE?

Hay personas que pasan años intentando conseguir algo, una estabilidad económica, un título, una casa, una posición profesional, una relación o el reconocimiento por un trabajo que les costó mucho construir. Mientras avanzan hacia ese objetivo pueden imaginar repetidamente cómo será el momento de conseguirlo.


“Cuando llegue ahí, finalmente podré estar tranquilo.”

“Cuando gane esa cantidad, voy a sentirme seguro.”

“Cuando termine esto, podré disfrutar.”

“Cuando consiga aquello, las cosas serán diferentes.”


Finalmente ocurre y durante un tiempo realmente son diferentes, existe satisfacción, orgullo, alivio, incluso felicidad, pero después de algunas semanas o meses, aquello que parecía extraordinario comienza a formar parte de la vida cotidiana.


Entonces aparece algo nuevo, otro objetivo, otra cantidad, otra experiencia, otro lugar al que llegar, a riesgo de equivocarme, solemos interpretar esto únicamente como ambición, la persona quiere seguir creciendo, tiene nuevos objetivos, no se conforma y puede ser exactamente eso, pero según lo que yo he observado, existe otra posibilidad que merece ser cuestionada, hay personas que aprendieron a relacionarse mejor con aquello que persiguen que con aquello que ya tienen. 


Mientras existe una meta, la vida adquiere una estructura muy clara, sabemos qué hacer mañana, qué necesitamos mejorar, cuánto falta, qué debemos resolver, qué sacrificios tienen sentido, incluso podemos soportar situaciones difíciles porque existe un punto futuro que promete justificar todo el esfuerzo.


La meta organiza el presente, cuando finalmente llegamos, esa estructura desaparece, durante un momento no hay nada que perseguir y ese momento puede resultar extraño.


Una persona que llevaba años construyendo una empresa puede conseguir finalmente la estabilidad que buscaba y, casi inmediatamente, comenzar una expansión que vuelve a ocupar toda su vida. Alguien puede alcanzar el ingreso que durante años consideró suficiente y descubrir que ahora necesita ganar el doble. Una persona termina una formación académica y antes de poder preguntarse qué quiere hacer con lo aprendido ya está buscando el siguiente grado.


También podemos hacer algo parecido con el trabajo interior, terminamos un proceso, leemos otro libro, buscamos otra explicación, otro curso, otra experiencia, otra herramienta para seguir “trabajándonos”. Siempre existe algo pendiente antes de poder sentir que finalmente estamos bien.


No creo que ninguna de estas conductas demuestre por sí sola un conflicto, sería absurdo pensar que después de conseguir una meta deberíamos renunciar a tener otras, el deseo forma parte de la vida, nos mueve, nos permite imaginar posibilidades, nos ayuda a construir.


La pregunta interesante aparece cuando no podemos permanecer demasiado tiempo frente a aquello que ya conseguimos. Cuando la satisfacción necesita ser sustituida rápidamente por una nueva expectativa.


Según lo que yo pienso, uno de los conflictos de El Carro puede aparecer ahí, sabemos conquistar, pero quizá sabemos mucho menos acerca de recibir aquello que conquistamos, porque recibir exige algo diferente.


Ya no necesitamos demostrar capacidad, no tenemos que vencer un obstáculo, no existe una distancia que recorrer, durante un momento solamente está aquello que conseguimos y nosotros frente a ello y puede aparecer una experiencia difícil de aceptar: no me hizo sentir como pensé que me haría sentir.


La casa llegó, pero la seguridad no. El reconocimiento llegó, pero la sensación de ser suficiente duró poco. La relación llegó, pero la soledad no desapareció completamente. El dinero mejoró las condiciones materiales, pero no resolvió todos los miedos que habíamos depositado sobre él. 


El logro fue real, la expectativa que colocamos sobre el logro era otra cosa. En lugar de cuestionar esa expectativa, podemos concluir que simplemente necesitamos más, una casa mejor, más reconocimiento, otra relación, una cantidad mayor, una nueva meta, así, el siguiente objetivo recibe la misma tarea que el anterior no pudo cumplir, hacernos sentir finalmente completos, no porque seamos superficiales, puede ocurrir precisamente en personas inteligentes, disciplinadas y capaces de construir cosas importantes, su capacidad les permite continuar buscando afuera respuestas que quizá nunca pertenecieron completamente al mundo exterior.


Hasta cierto punto, nuestra sociedad también facilita esta dinámica, casi siempre existe un siguiente nivel, si ganas determinada cantidad, puedes ganar más, si tienes cierto reconocimiento, puedes conseguir más audiencia, si desarrollaste una profesión, puedes obtener otra posición, si terminaste un proyecto, puedes comenzar uno mayor.


El mundo nunca nos obliga a preguntarnos cuándo algo es suficiente, esa pregunta tenemos que hacerla nosotros y quizá resulte incómoda porque “suficiente” suele confundirse con conformismo.


No estoy hablando de conformarnos, estoy hablando de poder reconocer el valor de aquello que existe antes de utilizarlo únicamente como escalón hacia otra cosa, poder disfrutar un logro sin convertirlo inmediatamente en el punto de partida de la siguiente exigencia, poder tener una cantidad y preguntarnos qué queremos hacer con ella antes de decidir que necesitamos más, poder recibir reconocimiento sin convertirlo en una nueva obligación de demostrar que seguimos mereciéndolo, poder llegar.


Una vida dedicada exclusivamente a llegar al siguiente lugar corre el riesgo de convertirse en una sucesión de destinos que nunca alcanzamos realmente a vivir.


Una parte del trabajo de El Carro podría encontrarse precisamente en esta pregunta: ¿Qué significa para ti que algo sea suficiente?


No qué debería ser suficiente, no lo que otras personas consideran suficiente, ¿Qué tendría que ocurrir dentro de ti para poder reconocer que algo ya lo es?


La respuesta puede revelar mucho, tal vez descubras que nunca estableciste ese límite, que cada meta se mueve en cuanto te acercas, que aquello que deseabas cambia de valor cuando finalmente lo consigues o que necesitas una nueva conquista para recuperar una sensación que desaparece cuando dejas de perseguir.


Entonces el problema quizá no sea tener demasiada ambición, puede ser no saber qué esperas encontrar finalmente detrás de todo aquello que consigues.


No quiero ofrecer una conclusión sencilla, prefiero dejarte con dos preguntas.


¿Qué has conseguido que alguna vez pensaste que cambiaría profundamente cómo te sentirías contigo?


Y después:


¿Qué comenzaste a perseguir cuando descubriste que no lo hizo?


Si reconoces una sucesión de metas que producen satisfacción durante poco tiempo antes de convertirse en una nueva exigencia, quizá valga la pena comprender qué esperas recibir realmente de cada conquista.


En un proceso terapéutico podemos trabajar esa pregunta sin pedirte que renuncies a tu ambición ni convencerte de que deberías conformarte con lo que tienes.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189




ESTAR OCUPADO TAMBIÉN PUEDE SER UNA FORMA DE EVITARTE

Hay personas que funcionan mejor cuando tienen muchas cosas que hacer, se levantan temprano, trabajan, resuelven problemas, atienden responsabilidades familiares, desarrollan proyectos, ayudan a otras personas, organizan lo que sigue, cuando termina una actividad ya están pensando en la siguiente.


Pueden parecer disciplinadas, responsables y productivas, probablemente lo sean, pero eso no impide que toda esa actividad pueda cumplir también otra función.


Hay una pregunta sencilla que puede resultar bastante difícil: ¿Qué ocurre cuando finalmente no tienen nada que hacer?


Para algunas personas aparece tranquilidad, pueden leer, caminar, dormir, escuchar música, conversar o simplemente pasar un rato sin producir nada.


Para otras, la experiencia es diferente, después de poco tiempo aparece una inquietud, necesitan revisar el teléfono, buscar algo pendiente, ordenar algo, pensar en el trabajo, iniciar un proyecto, resolver un problema que perfectamente podría esperar.


No necesariamente existe una decisión consciente detrás de esa conducta, la persona puede creer simplemente que “no sabe estar quieta”.


Uno de los conflictos de El Carro puede encontrarse precisamente ahí, tenemos una enorme capacidad para movernos hacia afuera y muy poca disposición para observar lo que sucede cuando el movimiento disminuye.


Mientras hacemos cosas, muchas experiencias interiores pueden permanecer en segundo plano, una relación que hace tiempo dejó de sentirse cercana, un duelo que nunca terminamos de elaborar, el cansancio de sostener una determinada forma de vida, una sensación de soledad que desaparece mientras estamos acompañados o trabajando, el miedo a no saber qué queremos hacer con los siguientes años, incluso preguntas mucho más sencillas.


¿Estoy contento?

¿Todavía disfruto esto?

¿Quiero continuar viviendo de esta manera?


No todas estas preguntas aparecen como pensamientos claramente formulados, en ocasiones aparecen como ansiedad, irritabilidad, aburrimiento, insomnio, una necesidad difícil de explicar de volver a hacer algo.


Entonces llenamos nuevamente el espacio y la sensación disminuye, esto puede repetirse durante años sin producir un problema evidente, de hecho, socialmente puede ser recompensado, la persona que nunca se detiene suele ser considerada responsable, quien trabaja más recibe reconocimiento, quien siempre resuelve se vuelve indispensable, quien está disponible para todos termina siendo admirado por su generosidad, por eso resulta difícil preguntarnos si algo aparentemente tan valioso también puede estar protegiéndonos de otra experiencia.


No creo que la respuesta sea trabajar menos, eso sería demasiado sencillo, hay personas que disfrutan profundamente una vida llena de actividad, hay momentos en los que nuestros proyectos necesitan una gran cantidad de trabajo, también existen responsabilidades que no desaparecen porque decidamos hacer trabajo interior, la cantidad de actividades no nos dice necesariamente qué está ocurriendo, la pregunta importante puede ser otra:


¿Puedes detenerte cuando no existe nada que te obligue a continuar?


Porque existe una diferencia entre tener mucho que hacer y necesitar tener siempre algo que hacer, la primera pertenece a las circunstancias, la segunda merece ser escuchada.


A veces descubrimos esa diferencia durante unas vacaciones, la persona que llevaba meses diciendo que necesitaba descansar llega finalmente al lugar donde puede hacerlo y, después de unas horas, comienza a sentirse inquieta, necesita organizar recorridos, visitar lugares, revisar mensajes, responder asuntos laborales, hacer algo.


No era únicamente cansancio lo que llevaba consigo, también había perdido cierta capacidad para permanecer consigo misma cuando ninguna obligación organizaba el día.


Algo parecido puede ocurrir después de alcanzar una meta, durante meses o años hubo un objetivo, todo estaba dirigido hacia él, cuando finalmente se consigue aparece una satisfacción breve y después una sensación extraña.


¿Ahora qué?


Antes de permanecer demasiado tiempo frente a esa pregunta aparece otra meta, otro proyecto, otra dificultad que resolver, el movimiento regresa y con él vuelve una identidad conocida, soy quien hace, quien consigue, quien ayuda, quien resuelve, quien continúa, pero hay una pregunta que esa identidad no responde:


¿Quién soy cuando no estoy haciendo ninguna de esas cosas?


Hasta cierto punto, podemos construir una relación con nosotros mismos basada casi exclusivamente en nuestra función, sabemos qué hacemos, sabemos qué responsabilidades tenemos, sabemos qué esperan los demás de nosotros, sabemos qué queremos conseguir, pero sabemos mucho menos acerca de quién aparece cuando todas esas funciones dejan de ser necesarias durante unas horas.


Por eso detenernos puede resultar más difícil de lo que imaginamos, el silencio no siempre está vacío, en ocasiones está lleno de aquello para lo que nunca encontramos tiempo.


No creo que debamos obligarnos a permanecer en silencio esperando encontrar una gran verdad escondida, el trabajo interior tampoco necesita convertirse en otra tarea que cumplir, me interesa algo diferente, observar qué hacemos cuando no tenemos que hacer nada, qué aparece, qué intentamos llenar inmediatamente, qué pensamiento evitamos, qué emoción se vuelve más perceptible, qué pregunta comienza a incomodarnos.


Una parte del trabajo de El Carro no consiste únicamente en aprender a utilizar nuestra fuerza para avanzar, también puede consistir en descubrir si somos capaces de no utilizarla durante un momento sin sentir que algo dentro de nosotros comienza a derrumbarse, porque una persona verdaderamente capaz de dirigir su movimiento necesita, hasta cierto punto, poder decidir cuándo moverse, si no podemos detenernos, quizá ya no estamos dirigiendo toda esa fuerza, tal vez una parte de ella también nos dirige a nosotros.


Quiero dejarte una pregunta, cuando desaparecen por un momento el trabajo, las responsabilidades, los problemas de los demás y todo aquello que tienes que resolver: ¿Qué queda de ti y qué aparece dentro de ese espacio?


No necesitas responderla inmediatamente, pero si descubres que cada espacio vacío necesita ser llenado con actividad, quizá la pregunta no sea cómo aprender a descansar, puede ser mucho más interesante comprender qué ocurre cuando finalmente te encuentras contigo sin nada que hacer.


Si ese encuentro produce una inquietud que hace tiempo intentas mantener ocupada, podemos explorarla dentro de un proceso terapéutico.


"De EL LOCO a EL MUNDO"

Método Psicoevolutivo de Transformación Arquetípica.


Contacto: WhatsApp +52 55 3119 8189